va por su octavo presidente

Portada de la edición 1 de la revista santo tabú

Habermas en la esquina

memoria, diálogo y el espíritu de la revista Santo Tabú

Publicado: 2026-03-14

Año 2009… unos inquietantes estudiantes de quinto año de la UNFV, publicábamos la primera edición de Santo Tabú, revista iconoclasta en todo sentido. Recuerdo con nitidez aquella portada variopinta en la que todos coincidimos en llevar a los teóricos a la calle, al bullicio y al paisaje informal del Lima que habitábamos. Entre ellos estaba Habermas, retratado comiendo un pan, como si esperara la combi o conversara con cualquiera en la esquina. Esa imagen, tan sencilla y tan irreverente, era una declaración de principios: la teoría debía salir del aula, bajarse del balcón, mezclarse con la vida, ensuciarse de ciudad.

Hoy, al despedirlo, esa portada adquiere un nuevo espesor. Porque Santo Tabú nació precisamente bajo la intuición habermasiana de que el pensamiento crítico solo respira cuando se expone al diálogo, cuando se arriesga a circular entre voces diversas, cuando abandona la solemnidad para encontrarse con la experiencia concreta e incómoda. Nuestra revista fue, desde el inicio, un pequeño laboratorio de acción comunicativa, un espacio donde escribir era conversar, donde debatir era construir sentido, donde disentir era un acto de cuidado hacia lo común.

Habermas nos enseñó que la palabra compartida es un gesto político y que la conversación —incluso la más caótica, incluso la más callejera y barrunta— puede ser un lugar de emancipación. Por eso cada edición, cada artículo, cada discusión que nació en Santo Tabú fue también un homenaje silencioso a esa idea: que la racionalidad no es un cálculo frío, sino la voluntad de entendernos; que la esfera pública no es un ideal abstracto, sino un ejercicio cotidiano; que el pensamiento se vuelve más humano cuando se abre, cuando se expone, cuando se arriesga a ser parte del mundo y cuando en ese intento se opone a el.

Hoy lo recordamos así, no solo como un gigante de la teoría crítica, sino como ese hombre de la portada, comiendo un pan en Lima, acompañándonos en nuestra propia búsqueda de sentido. Su legado sigue vivo en cada conversación honesta que sostenemos, en cada debate que no rehúye la complejidad, en cada publicación que apuesta por el entendimiento antes que por la imposición.

Porque, al final, eso siempre fue Santo Tabú: una esquina habermasiana donde la palabra se encuentra con la vida. Y ese, sin duda, es uno de los mejores homenajes que podemos ofrecerle.


Escrito por

Erick Aldy

Sociólogo, MG. Antropología Social


Publicado en