#ElPerúQueQueremos

FOTO: HTTPS://DIARIOCORREO.PE/EDICION/LIMA/GOBIERNO-PROMULGA-LEY-PERMITIRA-DEMOLER-MAUSOLEO-TERRORISTA-COMAS-852899/

El Culto a los vencidos

Demolición y socialización de los muertos en el Mausoleo “Terrorista” del Cementerio de Belaunde

"La muerte es el comienzo de la inmortalidad.” Maximilian Robespierre

Erick AD

Publicado: 2019-08-03

El culto a la muerte es una práctica que tiene miles de años, nuestros antepasados habrían desarrollado ritualidad a partir de este acto que separa el cuerpo de la vida social material. En efecto la única forma de resolver esta separación está relacionada a tratar primero de entenderla y segundo en tratar de inmortalizarla.

En cada cultura, sociedad o civilización, se puede apreciar diversas formas en la que la muerte es representada. Cada sociedad elabora entonces una serie de rituales, monumentos, grandes mausoleos, y que se encuentran en estrecha relación con la importancia del fallecido, y que además da cuenta de una forma de organización social y el entendimiento de la muerte por parte de la sociedad.

La muerte y todas las prácticas asociadas a la misma, desde los rituales velatorios, los entierros, las misas del mes, misas del año, las visitas anuales, o visitas durante el cumpleaños, o por el día de los muertos, el espacio en el que habitarán los cuerpos, etc. son características que a pesar de ser frecuentes para gran parte de nuestra sociedad, se encuentran dentro de sí diferenciadas, por lo que el acto mismo de entender la muerte y luego la sepultura, no escapa en ese sentido a las grandes clasificaciones y jerarquías de clase, sociales, culturales, políticas, espirituales entre otras.

Para Edgar Morín la muerte es una especie de catástrofe que sumerge a las personas en una especie de incertidumbre sobre la desaparición de una persona, que encuentra una salida con un sistema ideológico a través del cual resuelve y supera dicha cuestión inmortalizando al muerto.

Es por ello que la muerte y todo lo que la circunda desde su enfoque ideológico, cosmológico y las prácticas asociadas a esta, dan cuenta de esa momificación no solo del cuerpo sino del carácter de la vida de la persona que ha fallecido.

La muerte entonces es esa estrecha relación en la cual, el ser humano si bien resuelve la gran incertidumbre sobre la finitud de la vida, es también una forma de vinculación, es decir una forma de socialización con la persona fallecida y su recuerdo.

En sociedades como la peruana influenciada por la formas de entender la muerte occidental, también se encuentran muy arraigadas las formas de entender la muerte desde en un enfoque originario, en el cual existe una socialización concreta de los vivos con los muertos a partir del homenaje a estos. No podríamos pasar por alto las grandes fiestas en determinadas fechas cuando los familiares llevan alimentos, bebidas, música a sus muertos no solo como una forma de homenajear, sino como una forma de socializar el recuerdo del muerto junto a sus familiares. Una manera de mantener vivo al muerto y sus recuerdos.

Pero el entendimiento de la muerte se objetiva, como hemos mencionado en la sepultura, los rituales asociados a ello son infinitos y diferenciados en la mayor parte de sociedades en toda la historia del ser humano.

La sepultura puede registrarse de muchas maneras, solo basta con recorrer los principales cementerios de Lima (y el Perú), para poder entender las formas tan magistrales en las que se lleva a cabo la sepultura. Nichos personalizados y hasta majestuosos, familiares, y hasta por equipos de fútbol, etc. demuestran que esta práctica si bien es enteramente ritual, expresan marcaciones sociales post mortem, a diferencia de las fosas comunes o entierros y desaparición de personas (caídos al río, ahogados en el mar, perdidos en la montaña, desaparecidos políticos). Durante las dictaduras militares en toda Latinoamérica, las personas con ideas opuestas a estos regímenes, por lo general eran secuestrados, para luego ser deshumanizados, terminaban con dicho proceso en un acto de silenciamiento mortuorio, vaciado completamente de humanidad, simbología y ritualidad. Los cuerpos debían desaparecer y con ello toda intención política, ideológica generando también un miedo en el espacio social vinculado al desaparecido.

Sin embargo, la desaparición del cuerpo, no necesariamente existe un silenciamiento del mismo, el cuerpo no existe materialmente, pero el recuerdo se mantiene, son los familiares quienes le brinda el halo ritual respectivo para el mantenimiento del mismo, el velatorio de las prendas, juguetes, entre otros objetos simbólicos de la persona son enaltecidos, en algunos casos incluso se simula un ritual de sepultura como mero acto simbólico de su presencia, se vela un ataúd y luego se lo entierra, de esa manera se suple la inexistencia del cuerpo, el cual se transustancia en los objetos personales, en un ataúd y un nicho, donde pueda rendirse los respectivos homenajes, rituales, y en el que se realizará la futura socialización con el desaparecido. En estos casos también existen ciertas características en torno a la sepultura, que tienen altos grados de jerarquización, habrán personas que por su situación económica no podrán desarrollar más que un humilde velatorio, en otros casos las familias pueden comprar un ataúd o un nicho, o construirse el respectivo monumento que invite al homenaje del fallecido desaparecido.

Por ello, el presente escrito pretende entender un poco la forma simbólica en el que la sepultura se encuentra relacionada a la forma de socialización, mantenimiento de un vivo recuerdo, y como esta cuestión termina siendo en algunos casos peligroso, profano y hasta subversivo en un sistema que condena no la muerte ni a los muertos, sino su recuerdo y la forma en la que se los recuerda o inmortaliza, teniendo en cuenta que la muerte y su práctica de sepultura termina siendo una forma de socializar al muerto y su accionar, y como elemento simbólico que reproduce memoria colectiva sobre un periodo que quiere ser olvidado por el pueblo peruano: la época de la guerra interna o terrorismo.

Sobre lo que queremos ensayar es sobre el actual acontecimiento de la destrucción del mausoleo denominado “terrorista”, acaecido a finales del año 2018. Y ¿Por qué se demolió un mausoleo en el que habitaban los restos inertes de presos políticos denunciados por terrorismo?

Los familiares de los presos por terrorismo, muertos durante el bombardeo del penal “El Frontón”, lograron recuperar en algunos casos los cuerpos de los fallecidos en este lugar, dándoles luego una sepultura colectiva en un mausoleo en un cementerio en el distrito de Comas, y que tiene las características similares a otros mausoleos de la sociedad en la que vivimos.

En nada tendría que intervenir el Estado, si es que estos muertos fueran parte de una familia o fueran muertos “comunes”, fallecidos por cualquier circunstancia, enfermedad, asesinato común, accidente entre otros. O si cada muerto hubiese sido sepultado individualmente en diferentes nichos y lugares, sin mucha pomposidad.

En ese sentido, existen un par de cuestiones, que hacen que este mausoleo sea particular, y es que en primer lugar los cuerpos muertos son de personas condenadas por terrorismo, y segundo que los cuerpos han sido aglutinados en una cripta o mausoleo colectivo.

El mausoleo fue construido por los familiares de personas acusadas de terrorismo, en el Cementerio de Belaunde “Mártires 19 de Julio”. La elección del lugar probablemente se deba a la identificación con el sector popular, pero el mausoleo mismo dentro del espacio del cementerio tenía ciertas particularidades que apelan a una interpretación jerárquica.

En un cementerio popular en el que la expresión de la muerte es un tanto sencilla en algunos casos, se levanta un majestuoso mausoleo, que a modo de la casa de Zeus vigilante en lo alto del monte Olimpo, se muestra como imponente en lo alto de este cementerio.

Como hemos indicado anteriormente, la sepultura dista de ser un simple acto de remembranza sobre los muertos, es un espacio también de sacralización, heroificación, y principalmente de socialización entre las personas vivas, familiares, amigos, compañeros, diversos grupos sociales, para con el muerto y su accionar.

El mausoleo en cuestión, se convierte entonces en un espacio simbólico, que entendido como espacio socializador, genera fuertes lazos sociales entre los vivos que acuden a este, y cuyo pasado común de los muertos invita a la constante unificación y re identificación del grupo social que rinde tributo o ritualiza sobre este espacio y sobre los muertos.

¿Qué indica entonces la construcción de este mausoleo?

Es la forma en el que las personas encuentran un punto en común para socializar, entre ellos mismos, pero también con el vivo recuerdo que envuelve al muerto, socializar desde sus experiencias cotidianas hasta lo que consideran como "su accionar político", cuestiones que se articulan a diferentes familias, compañeros y grupos políticos simpatizantes con las acciones o ideologías de grupos terroristas.

Su destrucción, es pues también una señal que invitaría a la parcial desarticulación del grupo social que le brinda homenaje, la destrucción de elementos simbólicos genera en algunos casos la destrucción parcial de formas sociales.

El problema no radica entonces en la cripta misma sino en la forma en la que está representa un símbolo, su carácter colectivo y de agrupamiento post mortem representan algo que el Estado quiere hacer desaparecer. Cuestión que fuera distinta, si fuera individual.

En ese sentido, la cuestión está relacionada directamente al miedo al resurgimiento de un grupo social subversivo o simpatizante de ideologías radicales y terroristas, que se articula alrededor símbolos colectivos como el que representa el mausoleo.

La destrucción de símbolos como el mausoleo en cuestión, no es una práctica nueva, por el contrario es una práctica antigua inherente a cualquier forma de Estado vencedor o de un Estado que reescribe su historia, la eliminación de los símbolos de grupos diferenciados en pro de la unificación y homogenización de una nación diría Benedict Anderson es vital y necesaria para el mantenimiento de la misma.

De hecho, la demolición de este mausoleo pasaría irrelevante sino se tratara de personas condenadas de terrorismo. Pero siempre el terrorismo ha sido una forma justificada no solo de generar espacios de miedo, sino también de vender noticias y generar “temor” entre la ciudadanía (por lo general terruqueando), que habiendo vivido en carne propia mucha de la violencia terrorista, e influenciada por los medios de comunicación que exageran los hechos, vive con el miedo aparente del resurgimiento del terrorismo. Este miedo es pues también parte del imaginario promovido por el Estado y diversos grupos políticos, que a cualquier precio eliminará símbolos que van contra su propia lógica (no solo aquellos relacionados con el Terrorismo).

Pero también, este acto simbólico de demolición por parte del Estado y difundido por los medios de comunicación, actúa como una maquinaria de propaganda ejemplificadora de lo que puede suceder si se realiza nuevamente un mausoleo de similar naturaleza. 

Es también en ese sentido un acto ritualizado que envía un mensaje claro sobre algunas cuestiones vinculadas a la muerte y los cuerpos terroristas. Es decir, sobre un acto ritual subordinado como la sepultura en el caso de este mausoleo, se impone otro acto ritual de destrucción que se legitima con el poder del Estado y que actúa como ejemplo, con un mensaje claro.

En términos generales, si bien se está violentando la forma de sepultura dentro de un país democrático, también se tiene que tener en cuenta los usos de la violencia legítima para resguardar un orden establecido tal como lo afirmaría Max Weber, orden (social, cultural, histórico) que ha sido construido por el mismo Estado, y que busca siempre armonizar de manera concatenada los hechos históricos minimizando e invisibilizando los diversos actos, personas y grupos sociales que cuestionaron y se levantaron contra este orden.

Por ello, la demolición de este mausoleo, revela una fuerza imperativa del Estado para con las formas de homenaje y sepultura colectivas de algunos grupos relacionados con Sendero Luminoso o el MRTA, siendo su accionar y mensaje directo a las formas que quieran enaltecer o mantener vivo cierto recuerdo de personas y sus acciones terroristas o subversivas. Es aquí donde la muerte y sus rituales se convierten en "apología al terrorismo" para el Estado, el cual debe asumir su responsabilidad social, para mantener su statu quo y evitar la emergencia de rituales y formas sociales alrededor de los "cuerpos terroristas".

Finalmente, distinta hubiera sido si cada cuerpo hubiese sido enterrado de manera individual, y los homenajes fueran individuales y familiares (después de todo es parte de los derechos de la persona y de su dignidad de tener una debida sepultura), cuestión que no ha ocurrido, sino por el contrario, un mausoleo invita a las formas colectivas de homenaje y socialización. Además, no son cualquier cuerpo, son cuerpos terroristas, cuya responsabilidad social de violencia trasciende la materialidad, principalmente porque no son cuerpos individuales sino son cuerpos sociales que se prestaron a organizaciones políticas para cometer actos de miedo y terror.

Ergo, el Estado no ataca directamente a la forma de ritualidad sobre la muerte y la sepultura, sino a esta forma colectiva específica de sepultura, pomposa y heroificante, de "cuerpos terroristas", que justifican la vinculación e invitan a la socialización de varias familias, personas, grupos sociales simpatizantes con estos muertos y su accionar, y que en vez de realizar una reflexión sobre sus actos, en algunos casos los justifican, sobre la base de la "heroificación" de sus acciones de terror, que en definiciones del Estado terminan entrando dentro de la categoría de "apología al terrorismo postmortem".

Divide y vencerás, sería finalmente la lógica que ha acompañado a la demolición de este mausoleo y la separación de los nichos, destruyendo el símbolo que aglutinaba, y unificaba a los parientes y grupos sociales y políticos que le rendían homenaje, y con ello ha desaparecido también cualquier forma material colectiva de su existencia en la historia.

Sin embargo, es bueno preguntarse lo siguiente:

¿Hasta qué punto deberíamos invisibilizar nuestra historia, nuestros traumas, nuestras guerras?

¿Con la destrucción de un mausoleo se eliminan todo rezago de homenaje, o solo se elimina el ritual y forma de socialización asociado a ese espacio, a ese símbolo?

¿Cuales son los límites de la apología al terrorismo en contextos de sepultura de los "cuerpos terroristas"?


En fin hay más dudas que respuestas...



Escrito por

Erick Aldy

Sociólogo, MG. Antropología Social


Publicado en