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Reforma mental del transporte

Tenemos que asumir los cambios de habitus, aquello no se logra en un día porque está tremendamente relacionada a la educación y sentido de legitimidad que hemos construido socialmente alrededor de nuestra ciudad, hemos construido lugares y no lugares y resignificarlos cuesta, no dinero, sino actitud.

Publicado: 2014-09-03


La actual reforma de transporte es un proceso que esta creandose y recreandose conforme pasan las horas y estos dos días. Las opiniones de los transeúntes y usuarios son hechas con el hígado, de manera irrefutable, inmediata y escasamente reflexiva y por ende pone en peligro el inicio de una visión a futuro de ciudad racional. Hay que tomar en cuenta que Lima se constituyó como ciudad en base a discriminaciones, y en ese sentido la actual configuración nos brinda un paisaje totalmente desigual y en muchos casos polarizados, sin un transporte colectivo que una la ciudad. Lima jamás se pensó racionalmente como otras ciudades (Sao Paulo, La Plata, Buenos Aires, Santiago, etc) donde el positivismo fue la base de conformación racional de calles y avenidas, son más bien el hígado y el prejuicio las bases de lo que se puede llamar la urbanidad de Lima.

En ese sentido es necesario reflexionar sobre algunos aspectos.

Queremos cambios rápidos?

Que es para un ciudadano de a pie los cambios rápidos, en la actual sociedad todo se mueve a una velocidad impresionante, pero en realidad nuestro mente se mueve al mismo tiempo, o mejor dicho , podemos cambiar nuestras prácticas culturales rápidamente?. Es una pregunta necesaria y que tiene que ser tomada en cuenta por cada ciudadano.

Con esto quiero afirmar que la reforma no solo implica cambios en la estructura de transporte, en realidad este cambio implica un cambio en la estructura de la mente del ciudadano limeño.

Si queremos re-construir socialmente Lima, y hacerla una ciudad accesible y cómoda para todos y no solo para algunos (como se pensó desde que se fundó Lima) no debemos caer en el mismo principio de opinión no reflexiva, individual, sectaria y egoísta (aunque sea una molestia colectiva, en realidad no lo es porque cada uno se preocupa por llegar a su destino y dudo que los usuarios se preocupen porque el otro llegue, por lo que aquí tenemos una práctica objetiva de que nuestra mentalidad sigue estancada en la combi y en lucha por el asiento). Egoísta también en el sentido futuro, por no considerar que ciertas reformas radicales quizá no nos beneficiará directamente a nosotros sino a las futuras generaciones.

Con esto me refiero que las estructuras urbanas están profundamente ligadas a a nuestro imaginario, nuestros hábitus, nuestras prácticas, y que el cambio estructural del transporte pues no estará completo sin el cambio en el imaginario individual y colectivo.

Claro que no es fácil, e inmiscuye un sacrificio por parte de la población civil. Un sacrificio que implica un tiempo para poder des-habituarnos, des-aprender aquello a lo que estuvimos sometidos por un largo periodo, un transporte informal, una cultura combi, de a china aquí no mas, de paraderos no establecidos que nos dejaban cerca de casa, de un pasaje tan fluctuante, tan variado. Nuestro hábitus de movilizarnos, los recorridos y trayectorias se han in-corporado a nuestro self individual y colectivo que nos cuesta (en estos días) re-formular nuevas trayectorias urbanas.

Si bien puede ser una movida política escasamente planificada, en algún momento tenía que suceder. Tenemos que asumir los cambios de hábitus, aquello no se logra en un día porque está estrechamente relacionada a la educación y sentido de legitimidad que hemos construido socialmente alrededor de nuestra ciudad, hemos construido lugares y no lugares y resignificarlos cuesta, no dinero, sino actitud. En ese sentido si bien se puede referir a que las nuevas generaciones son líquidas según la perspectiva de Bauman, pues hay ciertos factores que están en el imaginario que no son enteramente líquidos, específicamente Castoriadis cuando se refiere al magma, hace hincapié a esa base cultural sobre la cual se construye la institución imaginaria. Un magma que al mismo estilo de Bourdieu representa nuestro hábitus. Aceptar la reforma de transporte entonces significa cambiar aquello a lo cuál estábamos tan habituados, esa pelea constante por el asiento, de subida caótica al bus, de paraderos informales, de peleas con el cobrador, etc.

Mi abuela me comentaba en algún momento que el tren no era nada beneficioso para ella pues no la dejaba cerca y tendría que caminar, por lo que preferiría las combis que la dejaban más cerca, en el discurso observamos tan plasmado el imaginario el cual tenemos que cambiar.

Tenemos que asumir los errores del pasado que han conllevado a nuestro caos del presente con reflexión y paciencia (algo que es escaso actualmente en el ciudadano limeño), pensar en resignificar es reconstruir la ciudad, y no es un proceso que tenga que ser criticado en solo dos días de reforma de transporte, ni muchos menos sometido a juicios de modelos improvisados y coléricos, ningún modelo es perfecto y en el proceso se mejora y adecua, pretender que la reforma actual iba a ser dinámica y eficiente es creer que los modelos y la planificación es perfecta cuando en realidad no lo es. El ser humano es un animal impredecible, y definitivamente la sobredemanda por el transporte en este momento también tiene un indicador económico, y es que actualmente es gratuito.

Aquellos que hemos residido por un tiempo en el extranjero damos fe que el transporte en las grandes ciudades es enteramente colectivo y que además se hacen colas, y que demoran entre 10 a 20 minutos en horas puntas. Efectivamente doy testimonio de como mi estructura mental se vio afectada cuando viví en Buenos Aires, en donde tenía que caminar de 5 a 6 cuadras para tomar el bus (el cuál es llamado colectivo) o el tren o el subte que según colegas de otros países colapsan en horas punta, y en donde mi situación económica de estudiante no me permitía tomar un taxi, por lo que aprendí a caminar. Es cierto doy fe que en ese momento extrañaba las mototaxis, las combis, los taxis informales, pero me di cuenta que también es necesaria la ausencia de ellos para un transporte ordenado. Refutando incluso a mi abuela veía ancianas que caminaban con paciencia cuadras de cuadras para tomar el transporte requerido. Yo vivía en San Isidro al norte de la capital porteña, y mi carro se demoraba como 1:45 minutos en llegar a su destino, pues salía como las 11 de la noche de una reunión y espere 2 horas el autobus con un grupo de gente la cual estaba habituada a hacerlo, sin embargo yo mismo me daba cuenta de mi escasa paciencia (en Lima ya hubiera tomado mi combi y al toque llegaba). Sin hacer comparaciones culturales es necesario en este proceso ser reflexivo.

Finalmente en realidad es necesario no solo una reforma de transporte sino una reforma mental del transporte, en eso radica una democracia participativa, en donde la forma de pensar, el cambio mental y de prácticas es el granito de arena que invierte el ciudadano para mejorar no solo su propias condiciones de vida sino también las de sus vecinos, el desarrollo de un imaginario comunitario que conlleve a la re-formulación de la comunidad imaginada, (Anderson), del laberinto de la choledad (Nugent) tan particular y variada que es Lima como parte del Perú.



Escrito por

Erick Aldy

Sociólogo, MG. Antropología Social


Publicado en